¿Hay que salvar la Navidad?

 

Este es el mensaje que se nos dice para salvar la Navidad, pero yo me pregunto que hay que salvar...? ¿Hay que salvar el consumismo, la banalidad con que hemos  transformado el concepto de la Navidad solo porque  el único fin es consumir y consumir?

Tengo que pensar que es intencionada la elusión de lo que puede sugerirnos el sentido de la Natividad. Es como si fuera un acuerdo tácito que ha invadido desde posiciones políticas dirigidas contra la sociedad democrática, contra la sociedad occidental, todos los reductos de las Administraciones públicas. La confusión de términos está tan generalizada, la incultura y la mediocridad reinante es de tal dimensión que a nuestros administradores se les escapa que la laicidad no consiste en ocultar la verdad y en desfigurar el sentido de la realidad cultural en la que gestionan sus vidas y sus quehaceres. Pero ahora el progreso, la banalidad la hemos convertido en unas fechas de vacaciones, de comilonas y mucho gastar y gastar, todo ello es porque hemos perdido el verdadero sentido de la Navidad.


El número de estrellas no tiene nada que ver con el de países que formaron parte de la iniciativa. Tal vez sean doce por las ancestrales interpretaciones, también cristianas, también judías, del número; doce fueron las tribus de Israel, doce fueron los apóstoles y doce fueron los hijos del profeta Jacob, hijo de Isaac, entre miles de lecturas, también matemáticas. “Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza” (Apocalipsis, 20). (Simbología de la bandera Europea).



A nadie se le ha ocurrido por estos pagos, dejar ver entre tanta luz, la luz del mensaje de la Navidad?  Y eso que la belleza y sencillez de ese mensaje, no puede ser más cercano a la naturaleza humana, ni estar mejor escrito. Es tan natural que no necesita adornarse, ni siquiera con luces. Valores como la solidaridad, la unión, el amor, la paz y la esperanza son más propios de la época de Navidad, y se encuentran representados en las creencias religiosas del cristianismo.

Nuestra sociedad está perdiendo los valores y el verdadero sentido de la Navidad. Antes se reunía toda la familia, los niños cantaban villancicos mientras los mayores rezaban y adoraban frente al nacimiento de Jesús, en espera de las 12 de la noche, para ir todos unidos ir a la santa misa de gallo. Estas fechas en este año tan triste para la humanidad, por el motivo de esta pandemia hemos tenido que hacer un cambio, algo que nunca la humanidad hubiera pensado “ser pocos en las reuniones familiares” pero esta Navidad la celebraremos con más cariño, se va recobrando el sentido de la fraternidad y nos convierte en más cercanos.




Hoy en día la nochebuena se había convertido en  una fiesta pagana, se amanecen en las discotecas al son de músicas morbosas y amodorradas por la cantidad de alcohol ingerido, irrespetando los días sagrados de Dios. La Navidad es tiempo para celebrar con nuestra familia y amigos. Para muchos cristianos es el momento especial del año en el que recordamos el nacimiento de Jesús y reflexionamos sobre el gran amor que Dios tuvo con cada uno de nosotros al enviar a Jesús a este mundo. Cantamos villancicos, nos hacemos regalos y comemos juntos.

¿Qué celebramos?

Celebramos que nació Jesús, nuestro Salvador! Aunque la fecha no sea exacta y el origen de la festividad no nos parezca muy exacta, es lindo tener un día al año para celebrar que Dios nos amó tanto que no nos dejó sin opción de salvación. Él tomó la iniciativa enviando a Jesús a nacer, a vivir y morir por cada uno de nosotros. Gracias a su sacrificio y amor hemos sido adoptados como hijos de Dios y la época navideña nos da una oportunidad natural para compartir esta buena nueva con los que forman parte de nuestra vida.

No debemos imponer nuestras convicciones, juzgar o acusar a los demás imponiendo nuestras creencias. Nuestras decisiones deben hacerse en oración delante de Dios y luego actuar en obediencia. También necesitamos respetar las decisiones de los demás. Podemos celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, otro día del año, o podemos celebrarlo cada día. Sea cual sea la decisión que tomemos, nuestra conciencia tiene que estar tranquila delante de Dios y el fruto del Espíritu debe fluir desde nuestras vidas reflejando el gozo profundo de sabernos amados y transformados gracias a que Jesús nació.

Lo que importa es que gracias a su nacimiento, muerte y resurrección, tenemos salvación, el perdón de nuestros pecados y la esperanza de la vida eterna. Las festividades navideñas deben reflejar nuestro gozo y agradecimiento ante esos regalos maravillosos que hemos recibido por medio de Jesús. Hoy día la festividad está llena de regalos, villancicos, comida y de reuniones familiares y, como hijos de Dios, podemos aprovechar para llevar el mensaje del amor de Dios y el gozo que tenemos en él.

Rafael Verger

 

 

 



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