ORACION CONTEMPLATIVA O EN EL ESPIRITU

 



“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Ga 2, 20)


San Pablo nos hace darnos cuenta de que no solo nuestras palabras y acciones, sino incluso los pensamientos de nuestras mentes, tienen que ser evangelizados por el Verbo. La oración contemplativa es el mundo en donde Dios puede hacer lo que quiera. Entrar en ese campo es la aventura más grande, Es abrirse al Ser Infinito y por lo tanto a posibilidades infinitas. Nuestros mundos privados, creados por nosotros mismos, llegan a su fin, aparece un mundo nuevo dentro y fuera de nosotros y lo imposible se convierte en una experiencia que sucede a diario. Sin embargo, el mundo que esta oración revela es apenas perceptible en el curso ordinario de la vida ordinaria.

La vida y el crecimiento cristiano tienen su fundamento en la fe de que hemos sido creados básicamente buenos y que Dios nos ha dotado con nuestro ser y su potencial trascendente. Este regalo de nuestro ser es el auténtico Yo. Por medio de nuestro consentimiento en fe, Cristo se encarna en nosotros y Él y nuestro auténtico Yo se convierten en uno. El despertar a la presencia y acción del espíritu es el despliegue de la resurrección de Cristo en nosotros.

Oración en el Espíritu, es  aquella oración que es inspirada por el Espíritu directamente a nuestro espíritu, sin interferencia de nuestras propias reflexiones o actos de la voluntad. En otras palabras, el Espíritu ora dentro de nosotros y nosotros consentimos; el nombre tradicional que se le ha dado a esta forma de orar es Contemplación. La oración tiene sus raíces en el silencio interior.  En cualquier tipo de oración sólo por obra del Espíritu se puede elevar la mente y el corazón a Dios. En la oración que inspira el Espíritu, nosotros nos dejamos llevar por ese movimiento elevador y simplemente dejamos de reflexionar. La reflexión o la meditación es un paso importante que precede a la oración, pero no es en sí oración.

Uno de los primeros efectos de la Oración contemplativa es la descarga de las energías del inconsciente. Este proceso de ir aprendiendo a relajar (sofrología) da pie a dos estados psicológicos totalmente distintos: se experimenta el desarrollo personal en forma de consuelo espiritual, pero también se experimenta la debilidad humana al conocerse a sí mismo,

El Espíritu le habla a nuestra conciencia a través de las Sagradas Escrituras y a través de los eventos cotidianos. El reflexionar sobre estas dos fuentes de encuentro personal y el desmantelar los programas emotivos para buscar felicidad, preparan el terreno para que la psiquis escuche a niveles más refinados de sensibilidad. El Espíritu comienza entonces a dirigirse a nuestra conciencia desde ese profundo manantial dentro de nuestro ser, que es el auténtico yo. Esto es, propiamente dicho, lo que es contemplación. El término “oración en secreto” en las palabras de Jesús, parece indicar lo que más adelante se llegó a conocer en la tradición cristiana como “contemplación”. Obviamente éstos son tres movimientos hacia tres niveles más profundos de silencio. El primero es la quietud, el segundo el encuentro. El tercer movimiento tiene lugar cuando nuestro nivel consciente se une al Dios oculto en lo secreto, en que Dios realmente mora y nos espera.

Para facilitar el dejar ir los pensamientos, busca una posición relativamente cómoda para que la incomodidad de tu cuerpo no te distraiga; evita posiciones que corten la circulación porque comenzarás a pensar en esa incomodidad. Escoge un sitio que sea relativamente tranquilo para no ser interrumpido por ruido excesivo o inesperado. Si no existe un sitio así en tu casa, trata de encontrar un momento de silencio cuando la posibilidad de ser molestado sea mínima. Es aconsejable cerrar los ojos porque tenemos la tendencia de pensar en lo que vemos. Al desconectar los sentidos de su actividad ordinaria, puede que encuentres un descanso profundo.

Una vez que has escogido un tiempo y un lugar apropiados, que has encontrado una silla o postura que sea relativamente cómoda y que has cerrado los ojos, escoge una palabra sagrada(el dulce nombre de Jesús) que exprese tu intención de abrirte, consentir y rendirte a Dios. No la pronuncies ni con los labios ni con las cuerdas vocales. Simplemente permite que sea una palabra de una o dos sílabas que sientas como se  expresa tu consentimiento a la presencia de Dios. Muy suavemente colócala en tu consciente al comenzar y cada vez que te des cuenta de que estás pensando en algo que no es esa palabra, a eso le decía Teresa de Jesús, la loca de la casa.  La postura de tus manos tienen que estar relajadas, puedes ponerlas en forma de oración de alabanza o descansando sobre tus rodillas, afloja toda tensión corporal y déjate llevar por ese estado de relajación, cuando te distraigas repite mentalmente el nombre de Jesús, al inhalar y exhalar, despacio sin prisas, tomate el tiempo que veas mejor para ti y deja que la Presencia de Dios obre en tú interior.

 Si te pone nervioso estar como lo que puede parecer como no hacer "nada" por un determinado período de tiempo, al practicar esta oración no es que no hagas nada, sino que es una actividad muy suave. La voluntad reitera su consentimiento a Dios al retornar a la palabra sagrada, y esto por lo general es suficiente actividad para mantenerlo a uno despierto y alerta. Por lo general bastarán de veinte a treinta minutos para la mayoría de las personas poder establecer un silencio interior e ir más allá de sus pensamientos superficiales. Es posible que te sientas inclinado a dedicarle más tiempo. Sólo la experiencia te enseñará cual es el tiempo indicado para ti y cuando éste termine, reanuda el curso normal de tus pensamientos. Puede ser éste un momento adecuado para entablar una conversación con Dios, o recitar unas cuantas oraciones vocales en privado, o hacer planes para el día. Espera por lo menos dos minutos antes de abrir los ojos.

Al ir en aumento la dimensión espiritual de tu ser a través de la práctica diaria de esta oración, es posible que comiences a percibir ocasionalmente la presencia de Dios en medio de tus actividades ordinarias. Puedes sentirte llamado a tornar tu atención hacia Dios dentro de ti, sin saber por qué. La calidad de tu vida espiritual se está desarrollando y permitiéndote que recojas vibraciones de un mundo que anteriormente no percibías. Sin proponerte pensar en Dios, vas a encontrarte con que Él está presente en tus quehaceres cotidianos. Se trata de ir sosegando la mente, el cuerpo o el sistema nervioso con ejercicios de respiración, estos métodos son excelentes para relajarse, pero lo que se trata es de una relajación basada en la fe en Jesucristo, no en una metodología de yoga o tai-chi, etc.

Lo que practicamos como cristianos podría resumirse en una palabra: paciencia. En el Nuevo Testamento la palabra paciencia significa esperar a Dios por el tiempo necesario, sin alejarse ni sucumbir al tedio o el desaliento. Es la disposición del sirviente del Evangelio que esperó a pesar de que el dueño de casa se demoró hasta después de medianoche para regresar. Cuando por fin llegó, puso al sirviente a cargo de todo. Si esperas, Dios se manifestará, pero recuerda, puede que tengas que esperar bastante hay que esperar el tiempo de Dios.

Tampoco se trata de poner la mente en blanco, ya que como Teresa de Jesús decía; la mente es la loca de la casa, por lo tanto es casi imposible mantener la conciencia relajada, incluso los grandes “orantes” siempre han mantenido esta opinión. Casi siempre cuando esto sucede hay que volver a empezar de nuevo. Si te estás quedando dormido, no te pongas a pensar en ello. Un niño a veces se queda dormido en los brazos de su padre o su madre y abre sus ojos de vez en cuando, sin que ellos se molesten pues saben que el niño está contento. Cuando el tiempo transcurre rápido, es un indicio de que no estabas pensando mucho. No quiero decir que esa es la indicación de que fue un buen período de oración. No es sabio juzgar un período de oración basándose en tu experiencia psicológica. Habrá ocasiones en que te verás bombardeado por pensamientos durante todo el tiempo en que estabas orando y sin embargo podría tratarse de un período de oración muy provechoso y agradable a Dios.

En la “oración en el espíritu” intentas introducirte en lo más escondido de tu ser, donde sabes que mora la Santísima Trinidad, es una oración por fe, esta puerta de tu corazón no la puedes forzar. Porque se abre del otro lado, solo por tú parte es del deseo de decirle “Aquí estoy Señor, esperando”. Es un juego en que dicha espera es a lo infinito, no va a suceder nada sensacional, y aunque así fuese, en el caso de que oigas palabras infusas, etc. Lo mejor es volver a la palabra “Jesús” con mayor suavidad y dejar que el Espíritu Santo te instruya en el espíritu. En ese momento no hay sentido del tiempo. Tiempo es una medida para lo que va pasando; sino está pasando nada, la experiencia será de ausencia de esa medida y de que el tiempo no pasa. Y es una experiencia maravillosa!!

Aun cuando tu tiempo de oración parezca estar lleno  de ruidos y sientas que eres un fracaso, continúa haciéndolo, tu actitud es la espera. Hay que dejar que el Espíritu de Dios nos vaya dirigiendo, unas veces estaremos intercediendo por las personas, otras por las almas del Purgatorio, ect. Es el espíritu quien ora en ti. La oración en el Espíritu  es una forma de despertar a la realidad en la cual estamos inmersos, rara vez pensamos en el aire que respiramos y sin embargo nos rodea y lo llevamos adentro. De igual manera, la presencia de Dios nos penetra, nos rodea y nos abraza en todo momento. Es la invitación de Cristo: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien abre, yo cenaré con él y él conmigo." Apoc.3-20.

Por medio de la unción secreta, el Espíritu sana las heridas de nuestra frágil humanidad a un nivel que está más allá de nuestra percepción psicológica, al igual que una persona anestesiada no tiene ni idea de cómo va la operación en la sala de cirugía, sino que se entera después. El silencio interior es el surco perfecto para que el amor divino eche raíces. En el Evangelio, el Señor nos da el ejemplo de la semilla de mostaza como un símbolo del amor divino. Es la más pequeña de todas las semillas, pero tiene un potencial enorme para crecer. El amor divino tiene el poder de hacernos crecer y de transformamos. El propósito de la oración en el espíritu  es facilitar el proceso de la transformación interior.

A algunas personas les resulta de gran ayuda orar ante el Santísimo Sacramento. Por lo general permanecen con los ojos cerrados, simplemente manteniéndose alertas a la presencia ante la cual están orando. Seguir el curso de la respiración es otro símbolo sagrado del consentimiento que uno da a la presencia y acción de Dios en el interior, en cuyo caso uno no sigue su respiración físicamente, que es lo que se usa en la técnica de meditación oriental, sino que simplemente la observa, la oración en el espíritu no es un ejercicio de relajamiento, aunque puede producirlo; es el ejercicio de nuestra relación personal con Dios al nivel de una comunión.  El deseo de dirigirnos a Dios, dirigirnos  a su Presencia en nuestro interior, no nace de nuestra propia iniciativa, sino de la gracia divina.

Hay muchas formas en que Dios se comunica con nosotros a través de nuestros pensamientos o por medio de nuestras facultades. Pero no hay que perder de vista que el lenguaje primordial de Dios, es el silencio. Pero piensa que muchas veces vendrán tiempos buenos o malos, unas veces te sentirás llamado a la oración y otras te sentirás pesado en hacerla, cuando estés en esta situación ve a Jesús y tan solo mírale y déjate mirar, así de sencillo, tan solo descansa en su Presencia. Otra señal de que se ha estado profundamente absorto, posiblemente mucho más de lo que puedes imaginarte, es cuando el tiempo de oración parece haber transcurrido muy rápidamente. Cuando no hay objetos que están pasando por tu imaginación, la percepción del tiempo como que se diluye y lo que se experimenta es una sensación de suspensión de tiempo. Estás totalmente consciente, pero no del tiempo que pasa. El tiempo es nuestra propia proyección y cuando no hay pensamientos, no existe el tiempo, te liberas de él. Esto te da un entendimiento intuitivo de que cuando el cuerpo y el espíritu se separen, no va a haber un cambio tan grande; cuando te encuentras en oración profunda, ni piensas en el cuerpo. La perspectiva de morir pierde su efecto,  porque has experimentado con anticipación esa separación del cuerpo y el alma y sabes cómo se disfruta.

La oración no se ha hecho para que cambie a Dios sino para que nos cambie a nosotros. Cuanto más rápidamente permitamos que esto suceda, tanto más mejorará nuestra oración. Pero una vez que se despierta nuestro interés en Dios y comenzamos a buscarlo, lo mejor que podemos hacer es guardar silencio al orar,  y dejar que sea El quien complete el proceso. Existe a mi modo de ver un “pecadito” por llamarlo así que es: la glotonería espiritual, y es en buscar los consuelos de Dios,  en vez de buscar al Dios de los Consuelos y eso lo llamo yo “ser demasiados glotones” pero eso es de almas principiantes demasiadas sensiblerías  o golosas.

Esta oración es un viaje hacia lo desconocido. Es un llamado a seguir a Jesús dejando de lado todas las estructuras,  y hasta las prácticas espirituales que puedan estar sirviendo de soporte al ego. Todas se dejan de lado puesto que forman parte del sistema del falso Yo. Para ser humilde, hay que olvidarse de sí mismo, que es la cosa más difícil de lograr en este mundo y no se logra por el simple hecho de hacer oración. Sólo Dios puede eliminar al falso Yo, puesto que se trata de algo ilusorio, nuestro propio modo de ver al mundo y de vernos a nosotros mismos.

Los altibajos que tenemos en nuestra oración pueden ser unas veces presencias y ausencias de Dios, cuando estas de baja caída, es cuando el alma es purificada por Dios en la prueba,  es como si Dios nos abrazase con un amor apasionado, no nos tenemos que imaginar que hemos fracasado en el trato con Dios, sino más bien estos pensamientos negativos que nos vienen son fruto del demonio que quiere que sintamos el fracaso. Desde el punto de vista del amor divino, el dolor puede ser gozo. Es una forma de sacrificarnos totalmente por el bien del Amado. No pone fin al dolor, pero adquiere una cualidad diferente que la del dolor común y esa cualidad nace del amor divino. Una cosa es poseer la gracia de la oración contemplativa; otra es ser capaz de comunicarla. No van necesariamente juntas. A veces alguien que verdaderamente tiene la experiencia contemplativa la expresa en una forma que altera los elementos más conservadores que se encuentran alrededor. De esta manera se le “tilda” de ser una persona misteriosamente mística.  El lenguaje místico y lenguaje teológico no son la misma cosa.

La fe pura consciente  se le rinde al misterio máximo tal como Él es, no como tú te lo imaginas o como alguien te ha comentado que es, sino como en realidad Es. El nivel de la fe pura, es para Dios el mejor medio de comunicarse con nosotros,  muchas veces es la fe del carbonero. Esta es la sustancia del camino. Debemos aceptar a Dios tal como es, sin tratar de apoderarnos de Él. Lo que sea que experimentemos de Dios, debe dejarse pasar al igual que cualquier otro pensamiento que venga deslizándose por la corriente de nuestro nivel consciente. Tratar de aferrarse a la presencia de Dios es como tratar de agarrar el aire, del cual no puedes cortar un pedazo y guardarlo en un cajón de tu escritorio.

Una forma admirable es encontrar un buen director espiritual, que pueda entender el estado de tu alma,  porque puede suceder que no le encuentres porque así Dios lo tiene dispuesto para que te centres solo en Él, pero si la Providencia así lo dispone ella misma pondrá en tu camino al director espiritual, éste puede ser un sacerdote, un religioso, o un seglar, pero todos tienen que tener una experiencia de vida de oración sino es más difícil entender un alma espiritual.

Muchas veces estamos inmersos en; bloqueos interiores, agobios, aridez, sequedad, dolores, enfermedades, etc. Y todo esto es un proceso de purificación, se puede producir un deseo de llorar, un estado depresivo espiritual, miedos, angustias, presencias diabólicas,  etc.  Todo ello cuando pase, se debe de dejar pasar no entretenerse demasiado con estas sensaciones, porque no provienen de Dios, pero él lo permite para nuestra santificación. Porque la verdadera oración no es siempre sentir “paz emocional” sino sentir que hay unión con Dios, amar sin esperar nada a cambio.



Las lágrimas pueden ser una expresión tanto de alegría como de tristeza. También pueden ser la indicación de que unas cuantas emociones que no encuentran otra forma de expresarse se están liberando. Si en la oración brotan lágrimas, considéralas un regalo, una respuesta a la bondad de Dios, que une alegría con tristeza. El gozo puede ser tan grande que nos llega al alma y nos conmueve. Muchas enfermedades psicosomáticas se curan cuando se llega a la paz en la vida emotiva.

La revelación de que Cristo mora en todos los seres que nos rodean, genera un deseo espontáneo en la persona de expresar amor hacia los demás. Pues es el Cristo presente en el hermano/a. es el hermano, es la imagen del Dios Invisible e impenetrable que se hace presente en comunión con su Creación. Una vez que uno ha sido transformado en Cristo, todo lo que uno haga está ungido por la transformación interior de su ser. Yo supongo que en eso consistió el misterio del gran atractivo que ejercía la Madre Teresa de Calcuta, que  cautivaba al público. La oración contemplativa, atravesará varias etapas, es posible que tengas experiencias que te dejen en estado de confusión.

El Señor enviará su ayuda por medio de un libro, una persona o el don de la paciencia. Y puede ser que el Señor te deje solo y no envíe ayuda alguna. Puede que tengas que aprender a vivir en medio de situaciones imposibles. Las personas que logran vivir en paz en medio de situaciones imposibles, progresan enormemente en el camino espiritual. Te verás enfrentado con soledad y angustia existencial. Puedes sentir como que nadie en el mundo entero te entiende o puede ayudarte y que Dios se halla a una distancia de dos mil millones de años luz. Todo esto forma parte del proceso de preparación. Dios está, como si fuese un buen agricultor, preparando el terreno de nuestras almas para producir una cosecha con un rendimiento no de cuarenta o sesenta por unidad, sino de cien. Eso requiere que el terreno haya sido bien arado. Es como si Dios moviera su tractor sobre el terreno, primero en una dirección, después en la dirección opuesta y luego en un círculo. Continúa haciendo esto una y otra vez hasta que la tierra se pulveriza y parece arena y está lista para la siembra.

De lo único de lo que se trata es “saber descansar en Dios” cualquiera que sea la forma o la intensidad en que ocurra en el silencio interior. Es un rendirse al silencio interior, es un no sentir nada, olvidarse de uno mismo y centrarse en esta Presencia sanadora, es un encuentro tan íntimo que la palabra se anula, es a la vez vacío y plenitud, el alma se rinde a la atracción de estar quieta, de sentir el amor, de solo Ser.

En estos estados el alma puede recibir los dones del Espíritu Santo para su propia edificación o para la comunidad, como por ejemplo el don de lenguas, se da para la santificación personal de la persona, puesto que la persona no tiene ni idea de lo que está diciendo, porque es un “orar en el espíritu”.  Aparte del don de lenguas, los dones carismáticos claramente son otorgados para el bien de los demás. Incluyen la interpretación de lenguas, profecía, sanación, palabras de sabiduría y enseñanza inspirada. Así, los dones carismáticos no son una indicación ni de santidad ni de un estado avanzado de oración. Si uno está muy apegado a ellos, pueden ser un obstáculo para el desarrollo espiritual.

La oración en el espíritu no es un método nuevo, ni es propio del movimiento carismático, sino ya los Padres del desierto, los anacoretas, y los grandes maestros como; San Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Catalina de Siena, Francisco de Asís, Carlos de Foucauld, etc siempre nos han enseñado el camino de la contemplación como experiencia de Dios.

Dios  es el auténtico Yo, no estamos separados. Aunque no somos Dios nuestro auténtico Yo y Dios son la misma cosa. Estar a solas no involucra simplemente un lugar solitario, sino una actitud, un compromiso total con Dios. Cuando se pertenece a Dios por completo, continuamente aumenta el deseo de compartir la vida y los dones recibidos. Es muy bueno para nuestras almas pertenecer a un grupo de oración, sobre todo para la Adoración, y vivir la dimensión contemplativa del Evangelio.

La morada divina es la doctrina de que Dios mora en nosotros; así que no hay que ir a ningún sitio para encontrar a Dios. Sólo tenemos que dejar de correr. María,  la hermana de Marta y de Lázaro, no sólo estaba asimilando la palabra de Dios, ella estaba llegando a ser la Palabra de Dios. Cada uno de nosotros, como cristianos, debemos de ser  otra “palabra-hecha-carne”, llamada a manifestar a Jesucristo en nuestro tiempo, a nuestros amigos, familia y a las personas con quienes trabajamos. Eso es lo que hace que el evangelio se convierta en vida, y lo que construye la comunidad cristiana. La comunidad cristiana es donde se experimenta a Jesús como realidad viva. Es donde la gente se encuentra en lucha para moverse a través de los estadios tradicionales de la travesía espiritual, y donde son apoyados por la presencia, el ejemplo y la sabiduría de los compañeros que tienen la misma mentalidad y que son amigos de alma a alma.

Un loco enamorado

Rafael Verger


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