Una Iglesia más sinodal y menos clerical…

 


Posiblemente no sea la escasez de sacerdotes el problema más grave de la Iglesia en los próximos años, sino la escasez de cristianos y comunidades adultas en la fe"


El escaso del número de sacerdotes y del proceso vocacional estamos ante un problema que, en nuestra diócesis, considero que todavía no ha tocado fondo.  En mi opinión, no se debería alargar más la agonía de nuestras parroquias, y el cansancio de los escasos sacerdotes al frente de ellas, por repetir formas y hábitos heredados que no hacen más que recargar el trabajo en los pocos sacerdotes que quedan, en su mayor parte mayores y con menos fuerzas e ilusiones misioneras que en su primera etapa de ministerio.

En mi manera de pensar, la mayor tarea pastoral ha de recaer, y mucho más en tiempos de cambio y búsqueda, en los sacerdotes-activos y en la comunidad, y la aportación de los jubilados siempre ha de ser realizada desde la voluntariedad y como apoyo a los activos. No parece haber resuelto mucho la obligación pastoral de los jubilados, como respuesta al reparto de una cantidad grande de parroquias a cada vez un número más reducido de sacerdotes…y a las pruebas me remito. En definitiva, este es tiempo de búsqueda y renovación pastoral.

¿Cómo seguir recreando una Iglesia diocesana que sólo va a contar con unos pocos sacerdotes activos para su animación?; me parece que seguir como estamos no nos va a llevar a buen puerto. ¿O vamos a seguir esperando a que se cierren y mueran nuestras parroquias?

¿Cómo dar los pasos necesarios para que sea toda la comunidad cristiana la que aborde esta situación, y no sólo el presbiterio diocesano?; los pasos dados por el presbiterio diocesano: p. ej. La creación unidades pastorales, ha facilitado algunos cambios en la reagrupación de las parroquias, pero no ha respondido eficazmente al problema de más trabajo para menos sacerdotes. Es tiempo para la creatividad pastoral, superando la nostalgia de lo que fuimos en la cristiandad con un discernimiento eclesial de calidad teológico-pastoral.

¿Qué compromisos concretos han de ir elaborándose para que la comunidad cristiana no se hunda por la NO presencia continua del presbítero?; hasta el momento la experiencia nos indica que cuando no está presente el presbítero, son escasas las comunidades que siguen sintiéndose iglesia cuando se reúnen sin el sacerdote.

 Nadie puede negar la entrega de los sacerdotes en la part forana (los pueblos) y en las ciudades, pero se nos invita a revisar y superar posturas que envuelven un clericalismo nefasto. Lo dicen los obispos: “el clericalismo es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual”. ¿qué se debe de cuidar y asegurar —reflexionando y actuando pastoralmente—para que la totalidad de la comunidad tome conciencia y parte en la solución a la escasez de presbíteros y en qué tareas de la Misión –anuncio del evangelio, celebración de los sacramentos y testimonio del amor en medio del mundo—habrá que ir formando Equipos eclesiales de pastoral con la presencia de seglares-religiosos y sacerdotes? Todo esto ha sido afirmado teóricamente en muchas ocasiones sobre todo en este último sínodo, pero salvo excepciones se han dado pocos pasos reales en el dinamismo pastoral de las parroquias.

¿Cómo será la presencia del presbítero ante esta vivencia de la sinodalidad eclesial? La asfixia de tantas tareas para tan pocos sacerdotes que   fuerzan a reducir su presencia a celebrar eucaristías y realizar entierros…¿es ésta la única aportación que puede ofrecer el presbítero para este tiempo nuevo? ¿cómo articular su nueva presencia dentro de una Iglesia más sinodal y corresponsable?...

Si la comunidad cristiana desea seguir como tal, no puede hacerlo sino es contando con un conjunto de cristianos adultos comprometidos en la tarea de la misión. Bien seguro que ello implica una renovación pastoral de largo alcance, que abarque desde la iniciación cristiana, pasando por la atención a nuestras celebraciones y religiosidad popular, y cuidando mucho más el testimonio en medio del mundo y el amor a los pobres como Jesús.  Y bien seguro también, que el mayor compromiso en el inicio de esta renovación habrá de recaer en el grupo de cristianos que más han crecido en su compromiso a partir del trabajo del posconcilio. Con ellos, más resto que residuo, hemos de continuar la misión.

La escasez de sacerdotes no ha eliminado el trabajo en la misión, sino que la ha fortalecido. Y la presencia de los seglares no se reduce a leer las lecturas, sino a comprometerse en equipos que animan la diversidad de tareas: catequesis, celebraciones de la Palabra, animación de la liturgia, visita a enfermos, entierros…y otros compromisos y testimonios que va exigiendo la misión. Evidentemente que nuestra situación puede ser distinta, pero por eso es una visión a la creatividad pastoral.

Aparecen en grupos minoritarios como una Iglesia, comunitaria y profética en medio del mundo, no coincidente con el espacio de una parroquia, y superando la llamada iglesia de la cristiandad, grande más por el apoyo cultural que por la conversión personal a Jesús y a su Reino. Siguen apareciendo pequeñas comunidades de laicos inspirados en la vuelta a Jesucristo, donde se fundamentan en las primeras comunidades al principio de la Iglesia, donde TODOS formaban la comunidad, presbíteros y laicos a semejanza de la propuesta sinodal no tan vertical sino más horizontal, en sinodalidad, en minoría profética, en corresponsabilidad etc etc.

 Estamos tocando las intenciones del Concilio Vaticano II en su aplicación y actualidad. Todavía, por desgracia, quedan los llamados cristianos que nostálgicamente esperan que la renovación de la Iglesia pasa por recuperar la cristiandad, haciendo desde ahí las prospectivas de futuro.

Esta propuesta de una Iglesia sinodal, quizás “sea el evento más importante luego del Concilio Vaticano II, por representar el inicio de un proceso de rearticulación de la hermenéutica conciliar a la luz de una nueva recepción de la Eclesiología del Pueblo de Dios de Lumen Gentium  (Pueblo de Dios) como criterio normativo que resignifique la identidad y misión de todos los sujetos eclesiales , y en consecuencia las relaciones, las dinámicas comunicativas y las estructuras para una Iglesia sinodal cuyo reto es el de lograr un nuevo modelo teológico institucional para el futuro de la Iglesia. La Iglesia necesita sacerdotes y laicos capaces de anunciar el Evangelio con entusiasmo y sabiduría, de encender la esperanza allá donde las cenizas han cubierto los brazos de la vida, y de generar la fe en los desiertos de la historia.

Para vivir una Iglesia más sinodal, me animo a proponer la generación de procesos participativos en nuestras comunidades, viviendo realmente la pirámide invertida de la que nos habla el Papa. Comunidades en las que todos tengan una voz y que esto no sea sólo una manera de decir, sino una realidad, que efectivamente podamos hacer camino y decidir cosas juntos. Generar procesos participativos, supondrá acciones que no estarán exentas de errores, pero creo que es la única forma de aprender a caminar juntos. Lo que acabo de decir supone el hecho de dar más espacio a todos y todas en las comunidades.

Rafael Verger

 


Comentarios

  1. Me gustaría que al leerlo te enfocaras en el concepto religioso de como funciona una institución religiosa: La Jerarquía o estados de mando.
    El soldado raso, es aquel miembro de las fuerzas armadas, que ya ha ingresado y es efectivo, pero que ocupa el escalafón más bajo después de recluta en la cadena de mando.
    Ser militar es más que una profesión u oficio. No se aprende, se siente. No se ejerce, se vive. Y, para ello, el nivel de compromiso que se requiere es total. Este es el primer deber del militar, la disposición permanente para defender a un país
    El compromiso es lo que convierte un juramento o promesa en realidad, por tanto, el compromiso es un acto, no una palabra. Una vez que tienes el compromiso, es necesario desarrollar unos valores, los valores guían nuestro comportamiento, la Institución Militar promueve una serie de valores entre sus componentes que la cohesionan y aumentan su eficacia, por ello es fundamental conocerlos, identificarse con ellos y practicarlos. De la organización de la Iglesia se obtiene un principio administrativo muy importante y que ha demostrado en los muchos siglos de operación lo que vale el adoctrinamiento de quienes ante un objetivo común están dispuestos a unir esfuerzos individuales en uno colectivo. El “dominio de una idea”
    Dicho esto, tiene una similitud con la organización jerárquica de la Iglesia católica, el significado “tropa” como lo define, Escriba de Balaguer, es como decir la plebe, los soldados rasos, los curas en diferentes grados son los oficiales en la carrera de mando.
    El celibato, fue impuesto como manera de controlar bajo obediencia ciega y poder usar oficiales y tropas para un fin especifico. Aquí lo que vale es que cumplas con tu obligación, bajo el pretexto de la santa obediencia. Sin enrollarme mucho diré que de esta manera les sale barato el régimen de obediencia, y sin discusión.
    Aquí no cuenta el interés del soldado, las capacidades de este, etc. Al obligarles la soltería es más fácil el mandar un destino diferente, en cambio los oficiales militares disponen de residencias militares y espacios reservados para ellos. A cambio de la obediencia ciega.
    Podría alargarme mucho más, pero creo que con esto ya es suficiente, considero que el celibato debería de ser opcional “voluntario y no obligatorio. El soldado raso es la clase pasiva, a obedecer y nada más, por eso el Opus Dei la tropa no tiene más derechos que obedecer a los oficiales (curas)
    Es necesario que en la iglesia diocesana vayan desapareciendo tanto clericalismo y seamos todos más comunidad, o más sinodalidad, si no se cambia vamos a un desastre jerárquico, porque éste ha perdido credibilidad en la sociedad de hoy. Diría yo “la tropa ha aprendido a caminar”
    Un ex - numerario

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  2. Insistir en intentar que la gente vaya a misa o se involucre en la actividad parroquial son “metas equivocadas”, hay que tener “liderazgo visionario”, conocer que la misión de Jesús encargó es “id y haced discípulos a todas las naciones”. Como he leído en un artículo tuyo, se trata de tener bien clara la visión.
    Dejar que esta misión sea la hoja de ruta de la parroquia y guíe el resto de las actividades. Dejar de hacer lo que no contribuye al cumplimiento de esta misión y solo después comienza otras que sí lo hagan”. Un pequeño grupo de líderes fieles, alegres y apostólicos puede impactar en las personas y transformar tu parroquia”. Por eso mismo os animo fraternidad de Jesús a seguir con vuestra obra de evangelización
    Si la misión de la Iglesia es hacer discípulos y no estamos centrándonos en ello, no estamos asumiendo todo lo que significa ser católico. Los fieles deben seguir al párroco, no depender de él, no se trata de hacer programas y eventos, ¿sino más bien hacer discípulos y evangelizar?”
    P. Montalvo OP

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