CONGRESO DE LAICOS 2020 ESPAÑA



Cada una de las formas de vida cristiana hay que comprenderla en función de las otras. Sólo desde esta clave de interrelación y de comunión se descubre la belleza y el sentido de cada vocación específica. Todos los cristianos por el bautismo formamos parte del pueblo sacerdotal. Algunos de ese mismo pueblo son llamados al sacerdocio ministerial para ponerse al servicio del Pueblo de Dios, en orden a que todos en él puedan vivir su sacerdocio. Se trata de potenciar tanto el sacerdocio común de los fieles, como el sacerdocio ministerial. No tiene sentido ni la competitividad ni la suplantación, ni la reivindicación. La única manera de superar el clericalismo en la Iglesia, y de superar igualmente el “complejo de inferioridad” de los laicos, es que cada uno viva auténticamente lo que es. En la medida en la que el sacerdote sea sacerdote y el laico sea en verdad laico, la Iglesia podrá realizar mejor su tarea evangelizadora. No podemos permitirnos el lujo de la confrontación y la división. La misión evangelizadora nos exige corresponsabilidad. Hay que sumar para la causa de la evangelización.


Comentarios

  1. El clericalismo no deja crecer, no deja crecer la fuerza del bautismo. La gracia y la fuerza evangelizadora de la expresión misionera la tiene la gracia del Bautismo. Y el clericalismo disciplina mal esta gracia y da lugar a dependencias, que tienen a veces a pueblos enteros en un estado de inmadurez muy grande.
    Estoy generalizando demasiado, pero lo hago a propósito: si caricaturizo el problema es porque el problema del clericalismo es muy serio.
    Rubén
    Madrid

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  2. «Clericalismo» es una palabra que se ha convertido en algo muy presente en boca del Papa durante estos meses. Creo interpretar bien el pensamiento del Santo Padre si afirmo que «clerical» es el sacerdote que quiere mandar, que da órdenes, que siempre sabe todo, encerrándose en sí mismo sin dejar que otros colaboren en la misión de la Iglesia. Clerical es el sacerdote encerrado en sí mismo, en sus propios horizontes, que no consulta, que no da espacio a los demás, sobre todo a los laicos, ni les reconoce el papel fundamental que tienen en la misión de la Iglesia. A veces, un sacerdote de estos considera que puede dominar, sobre todo, a los pobres y a los ignorantes, y que pertenece, de alguna manera, a una casta, por lo que se atribuye privilegios y poderes. El «clericalismo» daña a los sacerdotes, porque genera una distorsión de su misión, y daña a los laicos, porque les impide crecer como cristianos adultos.
    Francisco Javier
    Zaragoza

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